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martes, 24 de enero de 2012

Retrato de 15 ciudades: Bogotá, mi amor, contigo me caso.

Pero no todavía.



Eres paz.

Eres la calma después de la tormenta -y mira que las tormentas las conoces bien-.



Eres la que ha pasado por tanto, y a pesar de todo se sienta a mirarse.

A curarse.

A dejarse curar.



Has sangrado, tienes heridas, no eres perfecta, pero estas en paz.

Eres con quien, entre brazos tranquilos, extrañaré el caos.



Eres por quien, finalmente, me dejaré enseñar.



En tus calles se respira conocimiento, sabiduría.

Decidiste poner la otra mejilla. Y te funcionó.

Te aprendimos, te admiramos. Soñamos contigo.

No son sueños excitantes, son sueños que nos dan paz.



(¿Quién no sueña con la paz?)



En tus calles se funden el sudor y la sangre con la vida y las ganas –quizás por eso el filtro rojo bajo el que te recuerdo -.

Ganas de ganarle al mundo un puestico, ahí, entre París y Barcelona.

Ganas de gente, de culturas, ganas de que te lleven pedazo de mundo tras pedazo de mundo.



Y que ganas de llevártelos, todos, de sentarme contigo y no irme nunca más.



Me das ganas de dejar de ser de ninguna parte.



Y pasar a ser de ti.



Mi puesto está contigo, en calma.

Pero al final del camino.

Aún debo retratar 13 más –parecidas/ distintísimas a ti -.



Y se, que en tu grandeza, no sentirás celos.



Porque sabes que alguna vez seré de ti.



Y tú serás mía.



Esperémonos.




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lunes, 23 de enero de 2012

Retrato de 15 ciudades: Una Caracas.

Caracas es ella.



Y es ella sin género, es ella porque no puede ser nada más que ella.



Es ella –como fue él –no más que el sentimiento de que jamás es suficiente.



De que siempre habrá un día más.



Del nunca saber cuándo trazar la raya (y del que no haya ya rayas qué trazar)



Caracas la del cielo de cuentos y de las calles de pesadillas. Y de las calles de cuentos y el cielo de pesadillas. Una y otra vez, en todas las combinaciones posibles.



No eres mía.

Ni de nadie.

Eres de ti, para darnos pedazos a ratos.

Para seducirnos.

Para ser hermosa, lejana, ingrata.



Eres tú para hacerme daño.

Eres tú para hacerme yo.

Eres tú, incondicional.



Hoy me reconcilio contigo, Caracas. Al final, no tienes la culpa de nada, yo tampoco, y la tenemos toda al mismo tiempo.

Eres una línea continua de espacios que pierdo y recupero con la misma emoción siempre.

Una calle es todas las calles. (y al saberme contigo, soy yo en ellas, en todas las formas al mismo tiempo)



Este año te dejo Caracas. Pero no por odio.



Te dejo, para poder volver a ti.